domingo, 28 de noviembre de 2010

Salazones en Pompeya

Investigadores de la Universidad de Cádiz estudian los métodos de pesca y el comercio marítimo en la Roma del siglo I d. C. Junto a profesionales de la Universidad Ca´Foscari de Venecia, un equipo de expertos de la UCA, entre los que se encuentra el arqueólogo Darío Bernal, trabajan desde 2008 en el proyecto arqueológico ‘Pesca y Garum en Pompeya y Herculano’, patrocinado por el Ministerio de Cultura.
Tras excavar en la zona, los investigadores han hallado varias piezas en la Bahía de Nápoles que aportarán datos relevantes acerca de este sector en la Antigüedad.
Según Bernal, el objetivo era «recabar toda la información y todas las evidencias posibles sobre el ciclo de la pesca y la venta de salazones de pescado». Así, se han recopilado restos de fauna marina (que permiten conocer los peces y moluscos que se consumían en aquella época), instrumentos de pesca y ánforas en las que se almacenaban y transportaban los productos.
«Estas ciudades italianas tienen la particularidad de que conservan bien los restos arqueológicos», apunta el arqueólogo. Tras la erupción del Vesubio en el año 79 quedaron sepultadas por la lava, pero esto «ha permitido que se conserven los restos en su forma original». Así, durante los trabajos, se han documentado restos de materia orgánica, «que sólo hay allí», y también en Herculano han aparecido «restos de redes».
«En Pompeya estamos excavando en la Tienda del Garum, una antigua casa reconvertida tras el terremoto del 62 en tienda de productos piscícolas». En esta zona han aparecido «ánforas apiladas con inscripciones pintadas y restos físicos en su interior», además de tinajas que albergaban las salsas de pescado y el utillaje que se usaba en la Roma del siglo I.
Una vez que todo este material se estudie, «un proceso bastante lento», los investigadores prepararán una «síntesis de la economía marítima en esta zona para compararla con otros puntos del Mediterráneo». Eso es lo que justifica la presencia de los expertos de la UCA, que ya han trabajado en yacimientos romanos de Cádiz y Marruecos.
Según han podido averiguar, «en Pompeya en el momento de la erupción se consumían muchos productos procedentes de Cádiz», ya que se han encontrado ánforas de salazón expedidas en diversos puertos del Estrecho. Tras la campaña de septiembre, aún quedan dos más dedicadas al estudio de todos los materiales hallados e inventariados en las excavaciones.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Salazones historicos.



A decir por los arqueólogos que investigaron en la zona y como se encargaron de señalar desde el primer momento, estamos ante un poblado del que no se ha localizado aún ninguna casa, sí la instalación industrial, que estaba dedicada a salazones y salsas de pescados, fundamentalmente para la venta en las minas de Riotinto y Tharsis y la mejor se enviaba a Roma. Enmarcado en un macrocomplejo de factorías en toda la costa de Huelva que debió estar en relación con el puerto de Onuba como centro redistribuidor de todo el comercio. Se trata de una de las más importantes y mejores conservadas de la zona Bética. Las piletas, hornos para la construcción de ánforas y los restos de estas denotan según las investigaciones arqueológicas, una interesante estructura industrial dada la dimensión del número de piletas de salazones encontradas.





La industria de los salazones data de la época fenicia por lo que no fueron los romanos sus inventores. Básicamente los salazones consisten en la fabricación de conservas y salsas de pescado, siendo el garum el más preciado de estos productos, alcanzando gran fama en todas las buenas mesas del imperio romano. Para la elaboración de estos productos se construyen piletas impermeables excavadas en la arena de la playa, como las aparecidas en El Eucaliptal.

El producto una vez manufacturado se introduce en las ánforas para ser distribuidos por los mercados del imperio. La fabricación de estos recipientes se hacía en el mismo lugar, en horno similares a los que se han encontrado en El Eucaliptal.

Además del garum existen datos que llevan a pesar en la existencia de fabricación de púrpura en este poblado. Se trata del estado en el que aparecen grandes depósitos de especies de las que se extrae la púrpura (la cañailla o Murex Brandaris), que aparecen siempre fragmentados para extraer la pequeña bolsa de púrpura que contiene en su interior. Es probable que el uso de algunas de las piletas encontradas se dedicaron a la obtención del preciado tinte. La actividad de salazones en el poblado de El Eucaliptal debió seguir un proceso similar al del resto de las instalaciones del Golfo de Cádiz, es decir comienzo de las actividades en el siglo II d.C., crisis en el siglo III y una nueva revitalización, que constituye la etapa de mayor producción, para ir decayendo a partir del siglo V.

Según las investigaciones del profesor Campos la zona de hábitat sólo puede extenderse en la franja más interior donde se detectan muros que probablemente corresponden a estructuras de habitación y donde se concentran los mayores porcentajes de cerámicas de uso domésticos de las recogidas en la prospección, las noticias orales sitúan restos de elementos constructivos domésticos (mosaicos, columnas, pavimentos, muros de ladrillos, etc.) en las zonas más interiores. Algunos de estos elementos han ido apareciendo durante las obras de las diversas construcciones que se sucedieron en el lugar.

Según los restos encontrados en la necrópolis de los individuos enterrados se pueden dar a conocer datos de los habitantes. Racialmente se trata de personas de tipo mediterráneos, que en este caso concreto presentan rasgos hereditarios que afectan a la conformación ósea y a la dentición y que han adquirido un gran desarrollo muscular y morfológico muy acentuado que evidencia una adaptación a trabajos físicos de gran esfuerzo, como debió serlo la fabricación de salazones. Las edades de los individuos rescatados van de fetos de a partir de seis meses de vida intrauterina hasta los individuos de 50 años, con una excepción de una anciana de 75. Según los datos obtenido la esperanza media de vida en el poblado de El Eucaliptal oscilaba en torno a los 40 años.